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lunes, 15 de junio de 2009

¿Hay futuro para las librerías?


Google abrirá esta navidad las puertas a su megalibrería. Con una pequeña adaptación en su servicio Google Books, se convertirá en el mayor “publicante” y “vendedor” de libros del mundo haciéndole frente a Amazon ¿Qué tenemos que hacer, o mejor dicho, que podemos hacer los libreros? ¿Qué futuro le depara a la red de libreros? La respuesta es clara: nada. Google no es nuestra competencia y no hace falta que las pequeñas librerías nos preocupemos del gigante buscador. Aún así, en este nuevo escenario tenemos que abrirnos nuevos caminos, como intentaremos en este artículo.
En el nuevo marco estructural del sector aún no se han definido las fases del modelo digital. Hay teorías que pronostican una estructura muy pareja con los mismos mediadores, mientras que otras nos advierten que el librero va a ser sucumbido por el editor. Esta tendencia aboga por una relación directa editor-lector sin ninguna mediación de por medio.
La labor del librero, estrella polar de los lectores, corre gran peligro. En la música hemos podido prescindir de las tiendas de disco que nos recomendaban discos. En su día, hace no mucho, en nuestro pueblo había 3 tiendas de discos. Os podéis imaginar cuantas siguen abiertas ¿Es nuestro destino ineludible?
Cuanto más tarde el sector del libro en aceptar la lectura digital como el futuro de la lectura, más difícil nos lo ponemos a nosotros mismos. El único benefactor de la negación de tan obvia realidad, va a ser la piratería. Si no damos los pasos acertados, el lector acudirá a la piratería en busca de lecturas, creando un hábito basado en la mezcla inseparable entre gratuidad y digital. No podemos permitir que el único sitio donde se pueda encontrar las últimas novedades sea emule. Conociendo los antecedentes de la música no podemos seguir sus mismos caminos. Estamos a tiempo de cambiar esto, pero no nos quedan muchas oportunidades.
No podemos tomar al nativo digital por ingenuo. Pese al quien le pese el precio de los contenidos digitales será establecido por el lector. Pondrá precio al proceso de digitalización y cuestionará cualquier valor variable añadido al precio final. Si entendemos esto desde el minuto cero, podremos frenar uno de los argumentos principales utilizados por el usuario para venerar la piratería.
Cada librería elegirá cual es su camino. Algunos tomarán la decisión de no cubrir la lectura digital, algo totalmente respetable. Apostarán por la especialización de una temática o abrirse a ofrecer contenidos culturales más allá de la literatura. Decisiones muy interesantes que pueden ayudar a mantenerse a flote. Aún así, estamos seguros que seguir el camino al lado del lector en el mundo digital puede ser muy enriquecedor e incluso puede llegar a ser interesante económicamente. Existe un lector digital, y si no existe todavía, esta apunto de llegar.
Para contestar a la afirmación de Susana Viamagna (“El problema está en cuánta gente paga por leer libros en su portátil...”) tenemos que atender las dos cuestiones comentadas anteriormente: acertar con la demanda y los precios de los contenidos. Si el usuario se siente respetado, este respeto va a ser mutuo. El modelo de iTunes nos puede valer de ejemplo. Han conseguido vender 6.000 millones de canciones, una canción por cada habitante de la tierra. Obviamente no se trata del mismo producto ni del mercado pero nos sirve para ver la respuesta del usuario cuando se le ofrece un buen servicio.
En resumidas cuentas, cada librería elegirá el sendero a seguir.Tendremos que decidir, especializarnos y definir una línea más específica de nuestra librería. Últimamente está cogiendo mucha fuerza entre los libreros la idea de redes de librerías. Crear redes entre librerías de temática parecida nos otorgará más capacidad de reacción y mejorará el servicio. Nos encanta nuestro trabajo y lucharemos por mantenerlo.
Necesitamos leer, y quizá ahora y aquí, más que nunca.

Fuente: garoa